¡Por fín empezaba el colegio de nuevo! Esa noche en la cama no podía parar de pensar en la cantidad de cosas que tenía que hacer al día siguiente, pero como los niños ya no estarían en casa, me cundiría muchísimo más.
Sabía que tenía que quitar el belén, buscar sitios donde colocar los cien mil nuevos juguetes y tirar otros antiguos, poner 20 o 30 lavadoras, en fin, que a buen seguro iba a estar bien entretenidita.
Por la mañana, después de dejar a los niños en el cole, cogí el coche con el firme propósito de volver a casa y meter quinta para poder aprovechar al máximo mi tiempo (optimizar, creo que dicen los snobs, ¿no, Titito?. Pero, de repente, en una marquesina del autobús, ví un cartel que llamó poderosamente mi atención. Era Belén Rueda anunciando las increíbles rebajas del Corte Inglés, que éste año eran de ¡hasta un 50%.!. ¡ Las Rebajas de Enero¡, claro, con tanta fiesta habían pasado desapercibidas. Sin pensármelo 2 veces (mentira, me lo pensé un montón), di media vuelta y tomé dirección a El Corte Inglés de San José de Valderas.
Una vez hube aparcado, sentí un enorme sentimiento de culpa y varios cientos de remordimientos. ¿Qué hago yo aquí con todo lo que tengo que hacer en casa? Pero al mirar hacia arriba volví a ver, ésta vez en tamaño Super-hiper(cor)-mega-ultra-enorme, la cara de Belén Rueda invitándome a pecar. No me cabe la menor duda. Las rebajas me abdujeron.
Cuando entré en el citado establecimiento, pensé que hacía ya un año que las había visto por última vez; y allí estaban, igualitas, el tiempo parecía no haber pasado desde el año anterior. Los mismos abrigos, los mismos bolsos, los mismos jerseys..., pero exactamente los mismos, eh? Porque yo no he visto una cosa igual que las rebajas del Corte Inglés. En general, los precios son prácticamente iguales que en tiempos de No rebaja, salvo esos enormes cajones que llenan todos los años con la misma ropa, que lógicamente, nadie compra, y sobre los que SI ondean, bien grandes, los carteles del 50%.
Debo decir que mi principal intención ese día era conseguir un abrigo, en éste caso una sencilla trenka corta que llevaba buscando algún tiempo. Me dirigí a la sección de señoras y en un rincón (que obviamente, no era el mío) encontré un parabán (no se si se escribe así, pero los políglotas contertulios podrán corregirlo para el bien del resto), con algunas trenkas. Desgraciadamente era la sección de la marca Burberrys; eso ya me hizo sentir cierto resquemor. Cuando tomé la etiqueta del precio en mis manos, noté un ligero escalofrío, mezcla de rabia y risa nerviosa. La prenda en cuestión costaba 370 Euros. Pero he ahí, que al alzar unos centímetros más la vista, pude ver encima un letrerito que anunciaba un consolador 20% de descuento. Usease, 74 euros menos (¿no?), eso ya me hacía ver las cosas de otro color. Sólo 296 euros. Esta cifra tranquilizó a mi corazón que pasó de un amago de infarto de miocardio a una simple angina de pecho.
Pero bueno, independientemente de este hecho, meramente anecdótico y sin mayor trascendencia, en las Rebajas hay dos cosas que me molestan sobremanera:
La primera de ellas es cuando vas tú todo contento porque por fin has encontrado en el folleto de las Rebajas ese edredón nórdico que llevas buscando tanto tiempo (quien dice edredón, dice batidora, CD, Televisión, o cualesquiera), a un precio, más o menos razonable, y cuando llegas al departamento y preguntas por él, el dependiente te dice con cara compungida que ya se ha agotado. Vamos a ver, cómo es posible que el primer día de rebajas a las 10:05 de la mañana, dicho artículo esté ya agotado? ¿Quién se ha llevado todas las supuestas unidades que había? Sin duda, alguna de las personas que han fotografiado, montado o impreso el folleto de las Rebajas, que fueron los primeros en enterarse, imagino, porque si no, no le encuentro otra explicación.
La segunda es referente a las tallas. Con la Iglesia hemos topado. Es una duda existencial que me supera. ¿ Por qué siempre que vas a la sección de ropa, toda ilusionada porque ves todos los parabanes llenitos hasta los topes, cuando miras la etiqueta en cuestión siempre es la Talla 38? Yo no sé si es que las mujeres de la Talla 38 NO van nunca a las Rebajas, porque si no, no entiendo que haya tanto donde elegir de éste tamaño. Y en el supuesto de que SI vayan a las Rebajas, por qué los fabricantes hacen tantas unidades de dicha talla si les van a sobrar?. O si, por otra parte, es que las mujeres de la Talla 44, por ejemplo, están totalmente abducidas por las rebajas y son las primeras que van a llevarse todo lo que hay, ¿por qué porras los fabricantes no hacen más unidades de la talla 44?.
Vamos, que yo creo que el fín último de las Rebajas es que tanto las de las tallas grandes como las de las pequeñas, nos dejemos allí lo que no tenemos, o será que existe otro oculto y misterioso fin que mi corta mente y el resto del mundo mundial no hemos llegado aún a descubrir? Y por último, ¿estará también Belén Rueda envuelta en este oscuro y misterioso fin del que os hablo? (Begoña, ve y pregúntale tú que al fín y al cabo es tu vecina, y si no, manda a tu madre y verás que pronto nos resuelve las dudas).
Bueno, y lo peor de todo, es que mientras estás comprando, o, visto lo visto, paseando más bien, la megafonía no deja de insistir machaconamente, en que las Rebajas del Corte Inglés son las únicas Rebajas garantizadas, y entonces piensas que como no salgas corriendo a casa lo único realmente garantizado es que tu tarjeta de crédito se va a quedar tan fina como un papel higiénico comprado en el Todo a 100.
En fín, mancomunitarios, os dejo que reflexioneis sobre mi exposición. Por favor, enviadme vuestros comentarios que tanto ansío as soon as posible, porque mi marido lo primero que hace al entrar en Forlady es mirarlos y llamarme por teléfono para leérmelos y eso alimenta mucho nuestra relación de pareja. Besitos a kilos.
BEA — 24-01-2005 11:36:48
Ari — 24-01-2005 19:54:49
Ani — 24-01-2005 23:52:34
Ani — 24-01-2005 23:54:49
Bea — 25-01-2005 10:15:37
BEA — 25-01-2005 18:02:27
Ani — 26-01-2005 00:22:37